DE TODO Y MÁS:
  • Cuentan sus biógrafos que: Haydn, para componer, se inspiraba concentrándose en una sortija que siempre llevaba puesta en su dedo meñique. Corneille para escribir necesitaba sentirse abrigado y alcanzar una cierta temperatura, por lo que frecuentemente se le podía ver sudando frente a la chimenea, envuelto en varias mantas. Cuando ya conseguía la temperatura corporal adecuada se cambiaba de ropa y ya se sentía dispuesto para escribir.

  • Cuenta la historia que allá por 1740, un tal Duque Antonio Ferdinando se volvió abstemio porque un astrólogo le vaticinó que el alcohol sería la causa de su muerte. Nueve años después, a la vuelta de una partida de caza con otros aristócratas, decidió darse unas friegas con alcohol en el cuerpo para tonificar los músculos. Con tal mala suerte que una llma prendió el alcohol y el Duque murió a causa de las quemaduras.

  • Entre las causas curiosas de muerte no puede dejar de citarse la del poeta satírico Gilbert. Se cuenta que tuvieron que llevarle al hospital presa de agudos dolores, pero los médicos no entendían que quería decirles cuando apuntando a su garganta repetía: ¡la llave, la llave! Tras la muerte, la autopsia reveló que se había tragado la llave de un cofre que contenía comprometedores documentos que debía querer proteger a toda costa.

  • Se cuenta que Zola vivía obsesionado por algunas supersticiones. Atribuía buena suerte a los múltiplos de tres y siete, y siempre iba buscándolos en las cifras que aparecían en su vida cotidiana. Pero consideraba gafe el 17 y hasta contaba el número de farolas en el paseo, e iba sumando los números de los tranvías que encontraba en su camino. Murió atropellado por un coche cuyas cifras sumaban 17.

  • Entre las víctimas del cadalso, la historia cuenta que el duque de Charost mostró una presencia de ánimo increible. Permaneció en silencio, leyendo un libro en la carreta, durante el trayecto que le conducía hasta la guillotina. Después, antes de acercarse al verdugo, dobló parsimoniosamente una página en la forma de señal de lectura.

  • Cuando murió el marido de la reina Artemisa II, le construyó un famoso mausoleo que ha pasado a ser considerado una de las maravillas del muno antiguo. Sin embargo, los restos del rey, según cuentan las crónicas, no se quedaron allá, sino que Artemisa mandó quemar el cuerpo y, cada día, se bebía una dosis de cenizas disueltas en un dulce brevaje.

  • El emperador Claudio no parece que tuviera un gusto muy refinado. Se conserva un edicto suyo por el que se autoriza a sus invitados a que puedan solazarse emitiendo ventosidades.

  • El famoso conquistador de Costantinopla cultivaba melones en su propio huerto, y en cierta ocasión cuenta la historia que uno de sus pajes le robó cuatro. El déspota Mehmet II ordenó abrir el vientre de los cortesanos hasta descubrir al culpable. En el estómago del sospechoso número catorce aparecieron los melones haciéndo la digestión.

  • Cuenta la historia que el emperador Tamerlan ordenaba decapitar a cualquier persona que sorprendiera contando chistes a su alrededor.

  • El historiador J.P. Maffei cuenta que en 1583, durante el primer sitio de Diu, un soldado portugués, siendo que le habían acabado las balas, se arrancó un diente y lo utilizó para cargar su arcabuz.

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