¡Se tú mismo!
El teatro del mundo facilita el triunfo del personaje. A veces toca
colocarse el disfraz que manda la circunstancia externa, los roles aceptados, y en otras ocasiones lo que hay que vestir es el traje del
personaje anhelado desde dentro, el deseado por gozoso, el que nos hace
posible querernos más.
Pero la mejor actuación es aquella que realizamos únicamente vestidos con el velo transparente de la entrega al momento presente. Entonces la vida habla y nosotros vibramos con su acento.