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Una invitación insinuante:
Los bordillos de las aceras nos invitan, a modo de deseables contornos corporales, a encaramarnos sobre ellos, y con timoratos pasitos probar piruetas de equilibristas.
Como algunas partes de nuestra geografía personal, las aceras, son el lugar ideal para garabatear con la tiza del deseo,... y jugar.
¡Ya sabes donde encontrarme!
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