¡Y ahí también estás tú!:
Sentada a la sombra del porche de los pensamientos, en un silencio apenas roto por los pájaros de la memoria, voy notando la humedad de la emoción sobre la hojarasca de la
observación, y la grava cuidadosamente rastrillada del análisis.
Y poco a poco se va desmenuzando el tiempo, que ya sólo es rocio, diminutas gotas, solitarios instantes. Voy reconociéndome en el paisaje contemplado y ahí también estás tú.