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¿Serás capaz de encontrar soluciones originales y creativa? ¡Diviértete poniendo a prueba tu ingenio!
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Caso propuesto y resuelto:
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"La sal derramada"
Una educada dama de alta clase social, se encontraba sentada junto al anfitrión en un banquete en el que se les estaba sirviendo una comida exquisita. Ya habían llegado a los postres y la señora estaba empezando a comer una tarta deliciosa. Iba a saborearla con especial aprecio pues era una mujer muy golosa que disfrutaba mucho con los dulces. Además no tenía problemas de sobrepeso y no necesita hacer ningún régimen de adelgazamiento por lo que se sentía libre para comer con agrado la tarta. Sin embargo, derramó deliberadamente la sal sobre el postre y se disculpó ante el anfitrión por su torpeza. Inmediatamente un camarero trajo a la señora una nueva raciónn de tarta. ¿Qué crees que había sucedido? ¿Por qué la educada señora derramó la sal sobre su platillo de postre? ...
¿Cuál es tu versión de los hechos?
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Rios de Tinta
Cada Duende en su Rincón
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Soluciones propuestas:
- Yanet S.S.:
La señora derramó la sal a proposito porque había una mosca encima de la tarta, asi que por su buena educación prefirio hacer esto para no hacer sentir mal al anfitrión.
- Guillermo H.:
Esto NO es una mera cavilación, yo estaba allí aquella
noche y lo presencié todo. La señora...X (no es
preciso desvelar nombres) y yo pertenecemos a una
célula especial del servicio secreto hawaiano en
Calcuta, donde se desarrollaba la recepción. Según
fuentes fidedignas la mujer de nuestro embajador, que
como alto mandatario internacional residente en la
ciudad había sido invitado, pretendía ser envenenada
de muerte a los postres - el móvil está aun por
aclarar aunque todo apunta a que se trate de una
venganza por el interés más que probado de la señora
embajadora por echar a la vaca sagrada que lleva dos
meses instalada en su salón-. Así pues nuestro
gobierno decidió enviarnos para que nos hiciéramos
pasar por los mandatarios y ser envenenados en su
lugar si llegaba el caso. Provistos de la más alta
tecnología y de un refinado entrenamiento fuimos
capeando todas las dificultades que se presentaron
hasta llegar a los postres. Entonces apareció: dorado,
contoneándose voluptuosamente en un mar de caramelo
.... pero MORTAL...era una flan. ¡Dios mío! Parecía
que nos estuviesen esperando, parecía que supiesen
TODO sobre nosotros, incluso la propensión enfermiza y
sicótica de la agente X por devorar flanes así que
entran en su campo visual u olfativo (ambos dos
altamente desarrollados tras años de entrenamiento).
Me miró desesperada. Mi sensor ultrasónico de rayos,
camuflado en la oreja, confirmaba la peligrosidad
mortífera del dulce dándome para ello insistentes
calambres en el tímpano que me hicieron entrar en un
inoportuno, aunque placentero estado de shock:
¡imposible ayudarla! Cogió la cuchara, temblorosa,
ante la astuta y malvada mirada de nuestro anfitrión y
empezó a partir el flan que refulgía como un lingote
de oro cubierto de azúcar tostada. Yo continuaba en un
trance del que pretendía arrancarme uno de los
camareros echándome agua por la cabeza lo cual sirvió
únicamente para extender el radio de acción de los
microcalambres que me transmitía el sensor llegando
hasta los brazos que empecé a agitar a diestro y
siniestro. En una de estas sacudidas le di un tremendo
golpe al salero que llegó rodando hasta dar justamente
en la mano de la agente X. El camarero, divertido por
el insólito efecto que provocaban en mí los jarros de
agua y a petición del resto de los invitados que
aplaudían y reían como hienas ante mi actuación,
siguió vertiendo agua sobre mi cabeza, distracción
general que X aprovechó para añadir una buena cantidad
de sal al nocivo postre y así romper el hechizo que el
flan ejercía sobre ella.....por supuesto la trajeron
otro flan, pero eso ya es otra historia.
- Milagros C.:
La señora tenía la sospecha de un envenenamiento y para no comerlo y excusarse, derramó la sal sobre el postre.
- Merche L.:
La señora en cuestión tiró la sal encima porque además de ser una golosa de cuidado es una egoista y no quería que se la comiera la sirvienta cuando se la llevara a la cocina de vuelta. Asi luego la dama en cuestión, argumentando que tenía un perro al que le encantaba la tarta y que al perro le daba igual la sal, se iba a ir a a la cocina a reclamar el pedazo de tarta salado. Así que se las apañó para llevarse el trozo con sal(al que luego quitaría la sal de encima) y encima quedaba bien delante del anfitrión no atiborrándose de tarta hasta que se le saliera por las orejas, y se comería el otro trozo en su casa, y al perro no le daría nada.
- Georgina G.:
La mujer pudo haber derramado la sal, deliberadamente, ya que quería comer
más tarta, es decir, derramó sal sobre el resto de la porción, para que le
trajeran un pedazo más grande del que le quedaba.
- Magda:
¡La tarta, elaborada por el mejor repostero de la ciudad, estaba riquísima! ¡Era su tarta preferida!. Se la iba comiendo lentamente, saboreándola bien. No le hacía mucha gracia la idea de que se le terminara pronto; pero cuando se había comido la mitad pensó: "Si derramo la sal en mi tarta, me traerán otro trozo; con lo que puedo tener la oportunidad de comer algo más". Pues, así fue, al final, la señora, logró comerse una ración y media. ¡Y es que tratándose de dulces, no podía ella conformarse sólo con una sola ración.
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