El espejo en el espejo
  (Michael Ende) (Edit. Alfaguara)

No estaba en absoluto prohibido abandonar la ciudad-laberinto. Al contrario, quien lo lograba era mirado como un heroe, un bienaventurado y su leyenda era contada durante mucho tiempo. Pero eso solo les estaba reservado a los dichosos. Las leyes a que estaban sometidos todos los habituales del laberinto eran paradojicas, pero inmutables. Una de las mas importantes decia: solo quien abandona el laberinto puede ser dichoso, pero solo quien es dichoso puede escapar de el. Pero los dichosos eran raros en los milenios.

El que estaba dispuesto a intentarlo, tenia que someterse antes a una prueba. Si no la superaba, no era castigado el, sino su maestro, y el castigo era duro y cruel.
El rostro de su padre habia estado muy serio cuando le dijo: Esta clase de alas unicamente sostiene al que es ligero. Pero solo hace ligero la felicidad. Despues habia escudriñado largamente a su hijo y preguntado por fin: ¿Eres feliz?, si padre, soy feliz, habia sido su respuesta.

El Libro Abierto
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