• Selección de textos sobre los placeres y la felicidad.

  • Hermann Hesse:
    La felicidad nada tiene que ver con la ratio ni con la moral, es por esencia algo mágico, perteneciente a una etapa humana ancestral, infantil. La criatura feliz, regalada por las hadas, mimada por los dioses, no es un objeto para el análisis racional, es un símbolo y está más allá de lo personal y lo histórico. Hay, con todo, personas privilegiadas cuya vida es inconcebible sin "felicidad", aunque ésta sólo consista en que entre ellas y sus tareas se da una perfecta armonización en lo histórico y lo biográfico, en no haber nacido demasiado pronto ni demasiado tarde.

  • Hermann Hesse:
    El caminante disfruta del mejor y más delicado de los placeres, porque además de saborear sabe de lo pasajero de todas las alegrías. No se queda largo tiempo mirando lo ya perdido, ni ansía echar raíces en el lugar donde una vez estuvo a gusto. Hay viajeros por placer que van año tras año al mismo lugar, y muchos que no pueden despedirse de un bello paisaje sin antes tomar la decisiçon de volver muy pronto. Buena gente podrán ser, pero no buenos caminantes. Tienen algo de la roma embriaguez de los amantes y algo de ese afán coleccionista de las muchachas que recogen la flor de tilo. Pero afán de caminante no tienen, ese afán callado, serio y alegre al mismo tiempo, siempre diciendo adiós.

  • Fernando Savater:
    Llamamos felicidad a lo que queremos; por eso se trata de un objeto perpetuamente perdido, a la deriva. La felicidad sería el "télos" último del deseo, ese mítico objetivo una vez conseguido el cual se detendría en satisfecha plenitud la función anhelante. Al decir "quiero ser feliz", en realidad afirmamos "quiero ser". Osea, unir definitivamente el en sí y el para sí, superar la adivinanza hegeliana según la cual el hombre "no es lo que es y es lo que no es". De lo que el hombre quiere -no de lo que debe o puede- trata precisamente la ética. Por tanto, creo que una aproximación especulativa al contenido de la felicidad que quiera huir de la cursilería y de la puerilidad no puede hablar más que de ética.
  • Fernando Savater:
    Sobreañadido al hecho mismo de vivir, de poder seguir funcionando, lo cual puede hacerse sin conciencia reflexiva, lo más que podemos obtener de la existencia es precisamente eso: ganas de "decir sí". Si entendemos un poco la entraña del deseo humano, nunca, cambiaremos la alegría por ningún otro don o conquista, pues cuanto apetecemos o arrebatamos no nos motiva más que a fin de conseguir una experiencia de asentimiento a la vida. Lo que Fausto decía anhelar, el "¡deténte momento, eres tan hermoso!", puede traducirse: "ahora, sí". La felicidad es el estado de afirmación vital, el placer es la sensaciónn de esa afirmación y la alegría es el sentimiento de la afirmación.

  • Taisen Deshimaru:
    En cierta ocasión dijeron al Maestro Ryokar que encontrar dinero en el camino daba mucha alegría. El Maestro Ryokan, para comprobarlo, esparció por el camino las pocas monedas que habçia conseguido en su ronda de mendicidad y luego las volvió a recoger sin por ello sentirse especialmente feliz. Un poco decepcionado, repirió la operación varias veces hasta que en una de ellas se le perdieron dos o tres monedas entre el polvo las hojas muertas del camino. Se puso a buscarlas ansiosamente, y cuando las encontró, ¡qué alivio!. ¡Ya sé a qué se referían! Encontrar monedas en el caminoo, ¡qué alegría!.

  • Taisen Deshimaru:
    Un muchacho tenía un hermoso caballo del que se sentía orgulloso. Un día, el caballo se escapó y por más que lo buscó, no pudo encontrarlo. La familia estaba desolada. A los pocos días el caballo apareció acompañado por una preciosa yegua. La desgracia se convirtió en felicidad y el muchacho estaba loco de alegría, pero el padre le advirtió: "No seas idiota y no te alegres tanto". Al día siguiente, al montar el caballo, el hijo cayó de él y se rompió una pierna. La felicidad se volvió desgracia. Al poco tiempo estalló la guerra y todos los muchachos del pueblo fueron movilizados; todos menos el muchacho cojo que fue declarado inútil. La mayor parte de los jóvenes murieron en el campo de batalla y solo se salvó el joven campesino debido a su cojera. La desgracia se volvió felicidad.

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